Los grafitos que relucen tras la restauración exterior proceden de una costumbre universitaria del siglo XV
En Granada aún no han sido estudiados ni datados pero, en ciudades
como Salamanca, algunos de ellos tienen cinco siglos de historia
La conclusión de las obras de restauración de la Capilla Real, tras
una década de trabajo del equipo dirigido por el arquitecto Pedro
Salmerón, habitual colaborador de la diócesis, y la retirada de los
andamios, ha dejado a la luz que la fachada exterior del edificio está
'decorada' con una decena de los llamados vítores, una suerte de
inscripciones realizadas sobre la piedra cuyo origen no están del todo
claros en el caso de Granada. De hecho, hasta la fecha, no están datados
científicamente, según distintas fuentes consultadas por este periódico,
y se desconoce a qué etapa de la historia corresponden y por qué motivo
fueron trazados. Es, precisamente, uno de los siguientes propósitos del
grupo de especialistas que ha llevado a cabo la restauración de los
paramentos exteriores es investigar su raíz y la época a la que
corresponden, según avanzan desde el estudio de Pedro Salmerón.
Es algo que ya se hizo, por ejemplo, en Salamanca, ciudad en la que
el vítor se incorporó como marca y se mantiene como costumbre arraigada
tras siglos de historia, aunque relacionada con otro fin distinto al
original, según desentrañó un estudio realizado y publicado por dos
investigadores de la Universidad salmantina hace cinco años. Todavía
hoy, en determinadas y contadas ocasiones, se permite la escritura de
estos homenajes sobre las paredes.
Y es que Granada no es la única ciudad en la que este tipo de
grafitos aparecen reflejados en distintos muros. En Sevilla, tras la
'limpieza' a la que fue sometida la catedral, también aparecieron
varios. En Baeza (Jaén) hay impresos montones de ellos, así como en
Alcalá de Henares y en ciudades iberoamericanas con presencia de la
Universidad de Indias: Lima, México y Santo Domingo.
Mito y realidad
Sí está delimitado, en cualquier caso, que el origen es una práctica
común en urbes universitarias. Alrededor de este hábito ha habido
diversas teorías que tienen más que ver con el mito de la tradición que
con la realidad científica. Desmontar ese halo mítico es lo que hicieron
hace un lustro el profesor de la Universidad de Salamanca y director
del Centro de Historia Universitaria Alfonso IX, Luis Enrique
Rodríguez-San Pedro Bezares, y el colaborador de este centro, el
investigador salmantino Ángel Weruaga Prieto. Ambos son los autores de
'Vítores universitarios salmantinos', un libro que editó la Universidad
Pontificia de Salamanca en 2011 y que repasa el origen, el significado y
los usos de este símbolo, que nace en el siglo XV y que fueron
prohibidos al inicio de la segunda mitad del siglo XVIII.
El volumen condensó una labor de siete años, en los que los autores
fotografiaron los vítores, transcribieron paleográficamente algunos de
ellos, y los digitalizaron y confrontaron con las diversas bases de
datos que se tienen sobre la historia universitaria de la capital
salmantina. En total, analizaron 110 vítores desde la segunda mitad del
siglo XVI hasta la primera mitad del siglo XVIII. Según el estudio, en
Salamanca no quedan restos de los grafitos pintados en el siglo XV ni la
primera mitad del XVI, que es la época en la que se cree que está su
origen. Los más antiguos que hallaron son cinco ejemplares de la segunda
mitad del siglo XVI. En el caso de Granada, lo lógico es que empezasen a
realizarse a partir de ese siglo, puesto que la Universidad granadina
se funda en 1531 por parte del emperador Carlos V.
Tras descifrar los nombres que aparecen en estas pinturas y cruzarlos
con las bases de datos, la investigación salmantina permitió llegar a
una primera conclusión, que desmontó uno de los principales mitos en
torno a los vítores. Y es que la tradición señalaba hasta entonces que
tenían como función celebrar la consecución del grado de doctor, como
aún ocurre en la actualidad en la Universidad Pontificia. Esto se debió a
una reinterpretación introducida en el franquismo, de la que procede
también la mala traducción del símbolo como victoria o victorioso. Su
significado real es '¡Viva!' y las principales razones para pintar los
vítores, según concluyeron los investigadores, eran la consecución de
una cátedra, la victoria en las conclusiones -enfrentamientos
dialécticos- o en un acto de disputas entre las distintas naciones de
estudiantes representadas en la Universidad, o también, como homenaje a
la obtención de cargos de rector y vicerrector (consiliario). Además, a
pesar de que la tradición sostiene que están pintados con sangre de
toro, los investigadores reconocieron que no se saben con qué sustancia
están hechas. Pese a todo, muchos guías de la ciudad siguen manteniendo,
como hemos podido comprobar en fecha reciente, la versión primigenia
cuando muestran la ciudad a los visitantes que se acercan a la misma.
Recreación
Los vítores son una recreación renacentista del triunfo romano,
impulsada por el Papa Luna (Benedicto XIII) desde Aviñón -de ahí la
media luna sobre la que se sustenta el vítor-. El anagrama conforma la
palabra latina 'vitor', seguida de un nombre, que equivale a la
exclamación actual de «¡Viva... (el nombre que corresponda)!». En
ocasiones aparecen también añadidos posteriores de compañeros o amigos
del vitoreado, según explica el profesor titular del Departamento de
Historia del Arte de la Universidad de Granada, José Policarpo Cruz
Cabrera, quien sí ha estudiado el fenómeno de estos grafitos en su
localidad natal, Baeza. «Algunas frases añadidas esconden un tono de
socarronería», señala.
Apunta además Cruz Cabrera que algunos solían acompañarse de dibujos.
Precisamente, uno de los 'reaparecidos' en la fachada exterior de la
Capilla Real está rematado por una granada a modo de corona. «Los más
antiguos de Baeza datan de los siglos XVII y XVIII, con lo cual, los de
Granada podrían ser de una época similar», opina el profesor de Historia
del Arte de la UGR.
Su aparición en muros de edificios eclesiásticos lleva a pensar a
Policarpo Cruz que los vítores granadinos están relacionados en su gran
mayoría con estudiantes de grado en Teología. No en vano, en aquellos
años, los principales y únicos estudios universitarios que se impartían
en la ciudad eran Derecho y Teología. «Es posible que alguno de los que
hay en la Capilla Real tenga algo que ver con capellanes reales»,
aventura Cruz. Esta percepción se refuerza con el hecho de que la
residencia universitaria más antigua de la ciudad, el Real Colegio Mayor
San Bartolomé y Santiago, situado en la calle de San Jerónimo, muy
cerca de la catedral y de la Capilla Real, albergó en sus inicios
-principios del siglo XVII- a estudiantes como Juan de Leyva, que llegó a
ser Capellán Real de Granada y Obispo de Almería, cuyo retrato se
conserva en el colegio.
Futuras investigaciones determinarán fechas y orígenes de los
vítores, pero a simple vista es posible desentrañar algunos de las
personas que aparecen reflejados en los muros exteriores de la Capilla
Real: Diego de Solís, M. Paz o Luis de Pastrana son algunos de los
nombres que se pueden leer en la fachada. Su reaparición es reciente,
pero ahí están para que los investigadores se animen, algo que, a
diferencia de Salamanca, nunca se ha hecho en Granada en profundidad.
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